La prueba pericial y la figura del perito

I.                    LA PRUEBA
Entendemos por prueba la razón, argumento, instrumento u otro medio con que se pretende mostrar y hacer patente la verdad o falsedad de algo.

En el ámbito del Derecho, el DRAE define la prueba como: Justificación de la verdad de los hechos controvertidos en un juicio, hecha por los medios que autoriza y reconoce por eficaces la ley.
El artículo 299.1 de la Ley 1/2000 de Enjuiciamiento Civil establece los medios de prueba de los que se podrá hacer uso en juicio:
  1. interrogatorio de las partes
  2. documentos públicos
  3. documentos privados
  4. dictamen de peritos
  5.  reconocimiento judicial
  6.  interrogatorio de testigos.
De esta forma, la discusión doctrinal sobre si el perito es un auxiliar del juez o si el dictamen pericial es un medio de prueba parece decantarse a favor de esta segunda postura.

II.                  LA PRUEBA PERICIAL O DICTAMEN
La prueba pericial o dictamen de peritos se puede definir por lo tanto como la actividad procesal en virtud de la cual una persona ajena al proceso, el perito, experta en conocimientos especializados, elabora y transmite al Tribunal aquella información especializada que el órgano jurisdiccional requiere para poder resolver sobre algún hecho relevante del proceso.

Conforme al artículo 335.1 de la LEC, se podrá hacer uso del dictamen de peritos cuando sean necesarios conocimientos científicos, artísticos, técnicos o prácticos para valorar hechos o circunstancias relevantes en el asunto, o para adquirir certeza sobre ellos.

La principal novedad con respecto a la situación anterior a la LEC/2000 es que el Juez debe admitir como prueba los dictámenes periciales que cada parte aporte, junto con sus escritos de demanda o de contestación a la demanda. Todo ello con independencia de que subsista la facultad de nombrar un perito judicial, bien a solicitud de las partes, bien porque el Tribunal lo estime oportuno.
  
III.                EL PERITO
La prueba pericial es un medio de prueba de naturaleza personal.
El perito es traído al proceso exclusivamente por su preparación artística, científica o técnica. Por tanto, en sentido estricto, perito será aquella persona que, sin ser parte del proceso, tras el análisis que se le plantea, emite un dictamen sobre los hechos que le son consultados.

En principio deben ser personas que puedan acreditar su capacitación artística, científica o técnica mediante un título oficial que corresponda a la materia objeto del dictamen (Art. 340 LEC). Solo cuando la pericia se refiera a materias no comprendidas en títulos profesionales se admite el informe de peritos no titulados, que habrán de ser nombrados entre personas entendidas en la materia de que se trate.
El juez, para poder apreciar la prueba pericial conforme a las reglas de la sana crítica (Art 348 LEC), valorará:
1.                   La autoridad científica, artística o técnica del perito.
2.                   Los medios aplicados en la elaboración de los datos y del dictamen resultante
3.                   La coherencia lógica de la argumentación desarrollada en el dictamen.

De lo anterior resulta que es importante tener una formación técnica especializada. Ahora bien, no menos importante resulta también saber transmitir y exponer de una forma clara y convincente la elaboración y las conclusiones del dictamen.
En la medida en que el dictamen emitido va a incidir en la resolución judicial, la tarea del perito supone una gran responsabilidad y de ahí la importancia de una formación profesional integral adecuada.

IV.                OBJETIVIDAD E IMPARCIALIDAD DEL PERITO
La actuación de un perito, cualquiera que sea la modalidad en que haya sido nombrado, debe seguir unos principios deontológicos. Dichos principios son recogidos normalmente en un código deontológico que cada colegio oficial o asociación profesional impone a sus miembros.

Dos principios éticos en la actuación pericial, quizá los más importantes, aparecen contemplados expresamente en las leyes procesales: objetividad e imparcialidad.
Así, el art. 335 de la LEC dice: Al emitir el dictamen, todo perito deberá manifestar, bajo juramento o promesa de decir verdad, que ha actuado y, en su caso, actuará con la mayor objetividad posible, tomando en consideración tanto lo que pueda favorecer como lo que sea susceptible de causar perjuicio a cualquiera de las partes, y que conoce las sanciones penales en las que podría incurrir si incumpliere su deber como perito.

El problema práctico es cómo compatibilizar en muchas ocasiones esos principios deontológicos con la realidad de que el perito pueda ser designado por una parte para justificar sus pretensiones particulares. Nos podemos encontrar con casos en que, en un mismo proceso, dos peritos, supuestamente objetivos e imparciales, mantienen conclusiones radicalmente opuestas en sus informes. Podríamos concluir que la objetividad y la imparcialidad en un proceso judicial son muy difíciles de evaluar más allá de la mera apariencia formal.

A estos efectos resulta interesante la sentencia 52/2012 de la Audiencia Provincial de Madrid Sección 10ª, que expone algunos requisitos que permiten asegurar al Juez o Tribunal que el perito que interviene en un proceso judicial (cualquiera que sea su procedencia) ha actuado de una manera objetiva e imparcial:

1) La cualificación profesional del perito en relación con la materia específica del dictamen y con la complejidad del tema probatorio.

2) La fiabilidad objetiva del dictamen que viene definida por términos como “la concatenación lógica y la fuerza convincente de los argumentos coherentemente anudados en una exposición razonada”, evitando los componentes irracionales o meramente intuitivos.

3) La sujeción a los hechos sometidos a pronunciamiento, evitando incluir argumentaciones o interpretaciones jurídicas que sólo corresponden a jueces o abogados.

4) La fundamentación en hechos correctos y suficientemente probados.

5) La recogida de datos por parte del perito en fechas próximas a la producción del hecho informado.

6) La utilización de principios técnicos de “aceptación generalizada” en la rama científica, artística o técnica a que se refieren.

7) La utilización de una metodología adecuada y coherente. A estos efectos, es recomendable que la metodología empleada sea convenientemente descrita en el propio dictamen.

8) La coherencia interna del discurso del perito, evitando posibles contradicciones.

9) La claridad y firmeza de las conclusiones.

10) El contraste del contenido del dictamen con el resultado de otras posibles pruebas practicadas en el mismo proceso.