Facility Manager: ¿técnico o gestor?

En cualquier situación económica las decisiones de gestión se ven presionadas por tres vectores:
1. Aumentar la calidad.
2. Reducir los costes.
3. Minimizar los riesgos.

En el contexto de crisis actual el segundo vector es el predominante, lo cual no debe hacernos presuponer que los otros dos vectores pueden ser ignorados en la toma correcta de decisiones.
La evolución del sector en la actualidad exige, cada vez con más evidencia, un perfil profesional capaz de gestionar y mantener con agilidad y eficacia el patrimonio inmobiliario disponible para optimizar su rendimiento.
Este perfil es en cierta medida, con algunas excepciones,  nuevo en el mercado, al menos en el mercado español, y exige unas competencias hibridas entre:
1. Gestor profesional.
2. Técnico competente.
La tradición educativa de nuestro país se ha mostrado generalmente reacia a este tipo de perfil, decantándose por una especialización académica en una sola de estas áreas, y dando así lugar a las siguientes problemáticas

Problemática del perfil exclusivo “gestor profesional”:
Este perfil de competencias se orienta basicamente hacia la gestion del coste.
En general, el desconocimiento técnico del sector lleva a dos situaciones alternativas:
1. Lentitud en la toma de decisiones con recurso permanente a multitud de “informes técnicos”, o bien
2. Toma de decisiones sin suficiente fundamente técnico con el consiguiente descontrol del riesgo.

Problemática del  perfil exclusivo “técnico competente”:
El perfil exclusivamente técnico se orienta preferentemente hacia la calidad y tiende a acotar al máximo su campo de actuación, relegando todos aquellos aspectos sobre los cuales no tiene datos absolutamente cuantificados.
Sin embargo, la realidad actual del sector inmobiliario exige una apertura cada vez mayor de los ámbitos de actuación a considerar en toda intervención:
1. Ampliación de ámbito temporal: se ha roto la visión del inmueble como un simple producto cuya gestión finaliza con la entrega al usuario y se exige la gestión del ciclo de vida total del mismo, desde su concepción hasta su sustitución final.
2. Ampliación del ámbito social: el inmueble tiene impacto en un amplio entorno en el cual los intervinientes (stakeholders) son cada vez más numerosos y la gestión exige contemplar su posible incidencia en cualquier proceso de decisión.

De la reflexión anterior resulta que es necesario un perfil de competencias integradas, que asuma tanto las variables de "calidad" como las del "coste" y sobre todo que sea capaz de prever y anticiparse a los posibles "riesgos", minimizando su impacto.
Este perfil hibrido de competencias tiene que irse decantando en una disciplina por el trabajo conjunto de las diversas organizaciones profesionales y educativas.
Una aportación significativa en este ámbito es la desarrollada por IFMA (International Facility Management Association) que ha agrupado las competencias exigibles a un Facility Manager en las siguientes nueve áreas:

1.     Operación y mantenimiento de inmuebles e instalaciones.
2.     Valoración y gestión del patrimonio inmobiliario.
3.     Habitabilidad, entorno y medioambiente.
4.     Gestión de proyectos.
5.     Liderazgo y gestión de procesos.
6.     Contabilidad y finanzas.
7.     Calidad e innovación.
8.     Comunicación.
9.     Infraestructura tecnológica.